La estrategia de marketing político de Nicolás Maduro se estudia hoy en ámbitos académicos no por su popularidad, sino por su capacidad de supervivencia comunicativa. Se trata de un caso paradigmático de comunicación política autoritaria, donde el objetivo principal no es persuadir al votante indeciso, sino mantener el control del poder mediante el dominio del relato.
Desde el marketing político, este modelo se analiza como una combinación de propaganda estatal, control del framing, polarización afectiva y comunicación de resistencia. No estamos ante una estrategia electoral clásica, sino ante un sistema comunicativo diseñado para sostener un régimen en condiciones de alta contestación interna y presión internacional.
Nuestra experiencia como consultores en marketing y comunicación para instituciones publicas nos muestra un claro ejemplo de estudio.
El PSUV y el chavismo como sistema de branding ideológico
Para comprender la estrategia de marketing político de Nicolás Maduro es imprescindible analizar el branding ideológico del chavismo. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) funciona como una marca política total, en términos de political branding, donde partido, Estado, ideología y líder se confunden deliberadamente.
Este tipo de construcción responde a lo que en marketing político se denomina partidización del Estado, una estrategia en la que los símbolos institucionales se apropian por una identidad política concreta. Maduro hereda este sistema tras la muerte de Hugo Chávez y lo transforma en un modelo más rígido y menos emocional, pero mucho más estructural y defensivo.
Del liderazgo carismático al liderazgo burocrático-autoritario
Una diferencia clave entre Chávez y Maduro, desde el punto de vista del marketing político, es el tipo de liderazgo. Chávez ejercía un liderazgo carismático-populista, mientras que Maduro desarrolla un liderazgo burocrático-autoritario, donde la legitimidad no se basa en la conexión emocional, sino en la continuidad institucional forzada. Llamada por muchos países de mundo como «Dictadura».
Como Agencia de Marketing para partidos políticos, sabemos de buena mano que en comunicación política, Maduro deja de actuar como candidato y pasa a operar como símbolo del régimen. Esta estrategia responde al modelo de power maintenance communication, donde el líder no busca aprobación, sino normalización del poder. El mensaje implícito es claro: el poder no se discute, se asume.
Que es lo más normal en casos que ya hemos visto en el pasado en casos de Dictaduras o presidentes autoritarios.
Control del framing y hegemonía narrativa
Uno de los pilares más claros de la estrategia de marketing político de Nicolás Maduro es el control del framing. En términos técnicos, Maduro impone un frame único dominante, donde cualquier acontecimiento se interpreta siempre desde la misma lógica narrativa: ataque externo, sabotaje interno o conspiración internacional.
Este enfoque elimina la pluralidad de marcos interpretativos y reduce el debate público a una dicotomía constante. En marketing político, esta técnica se utiliza para cerrar el espacio discursivo y limitar la aparición de narrativas alternativas con capacidad de movilización real.
La repetición constante de mensajes simples responde al principio de agenda-setting autoritario, donde no se busca informar, sino definir de qué se habla y cómo se habla.
La polarización afectiva como estrategia deliberada
La estrategia de marketing político de Nicolás Maduro se apoya de forma clara en la polarización afectiva, un concepto ampliamente estudiado en comunicación política. El objetivo no es convencer a toda la población, sino reforzar emocionalmente a los propios y deshumanizar al adversario.
Esta polarización se construye mediante un discurso binario: pueblo vs. enemigos, revolución vs. traición, soberanía vs. imperialismo. Desde el marketing político, esta técnica permite mantener movilizado a un núcleo duro de apoyo, aunque se pierda legitimidad ante amplios sectores de la sociedad.
Aquí se explica por qué Maduro puede ser simultáneamente sostenido por una base fiel y profundamente rechazado por gran parte del pueblo, que percibe su gobierno como una dictadura.
El enemigo externo y la victimización estratégica
Otro elemento clave de la estrategia de marketing político de Nicolás Maduro es el uso del enemigo externo como recurso de victimización estratégica. Las sanciones internacionales, la presión de Estados Unidos o incluso la orden de captura se integran en el relato como pruebas de una agresión constante.
En términos técnicos, esto se conoce como external threat framing, una estrategia que permite justificar errores internos y reforzar la cohesión del grupo propio. El conflicto no se presenta como consecuencia de la gestión política, sino como resultado de una guerra simbólica contra el país.
Desde el marketing político, esta técnica es extremadamente eficaz en contextos de crisis prolongada.
La comunicación política de Nicolás Maduro se caracteriza también por una fuerte dimensión performativa. Sus discursos largos, actos públicos reiterativos y presencia constante en medios estatales no buscan transmitir información, sino ritualizar el poder.
Este tipo de comunicación responde a lo que se denomina ritual communication, donde el acto comunicativo refuerza la autoridad y la continuidad del sistema. El mensaje es secundario frente al hecho de comunicar constantemente que el liderazgo sigue en pie.
Percepción social: entre el control y el rechazo masivo
Desde la óptica del marketing político, la percepción del pueblo venezolano es profundamente ambivalente. Una parte de la población mantiene lealtad simbólica al chavismo, mientras que otra percibe el régimen de Maduro como una dictadura que ha eliminado la alternancia democrática.
Este rechazo no se traduce necesariamente en cambio político debido a la combinación de control institucional, comunicación autoritaria y ausencia de marcos alternativos fuertes. Es un ejemplo claro de cómo el marketing político puede sostener un proyecto incluso cuando la legitimidad social está gravemente erosionada.
La estrategia de marketing político de Nicolás Maduro es un caso extremo de marketing político defensivo, orientado exclusivamente a la supervivencia del poder. No busca crecimiento, innovación ni consenso, sino resistencia comunicativa.
Este modelo demuestra que la comunicación política puede funcionar incluso en escenarios de rechazo mayoritario, siempre que el control del relato, las instituciones y los símbolos sea suficiente.
La estrategia de marketing político de Nicolás Maduro se basa en propaganda, control del framing, polarización afectiva y comunicación autoritaria. Es un caso incómodo, pero fundamental para entender cómo el marketing político puede utilizarse no para ganar elecciones, sino para mantener el poder frente al rechazo social.
Desde una perspectiva profesional y académica, es uno de los ejemplos más claros de cómo la comunicación política puede convertirse en una herramienta de dominación simbólica cuando se combina con control institucional.
Desde New Brand aprovechamos para transmitir todo nuestro apoyo y cariño al pueblo Venezolano tras el arresto de Nicolas Maduro por parte de Estados Unidos , y que con suerte traera Paz y Prosperidad al País.

